Las necesidades y los lujos de los venezolanos, siempre han estado tan interrelacionados como las mezclas de nuestras creencias, a tal punto de encontrar el mismo nivel de sorpresa en el momento de notar la usencia de un paquete de la harina pre cocida del día a día nacional y la imposibilidad de darse el “gustico” de viajar hacia el primer destino que nos lleve la mente, sin embargo en Venezuela siempre hemos tenido oportunidad de disfrutar de nuestro país y sus recursos.
Es totalmente factible la comparación entre el famoso sustantivo que identificaba a los venezolanos como los “ta’ barato dame dos” al evolucionado sistema de elección “¿será que hay mantequilla en el supermercado de la esquina?” todo esto dentro de las para nada discretas miradas comerciales entre las bolsas de mercado propio y las del vecino compatriota, en busca de un producto que muy posiblemente haga acto de ausencia en nuestras pertenencias diarias; pero no todo es malo, es estadísticas se ha determinado que el gobierno está usando una estrategia perfecta desde el año pasado y que ahora está dando resultados para la muy mencionada unión entre venezolanos, seas de oposición, chavista, madurista, nini o de cualquier partido independiente la falta de alimento se encargará de que socialices en cualquier momento con tu vecino de cola quincenal. No se puede negar la excelente táctica que estamos desarrollando en ser toda una raza híbrida entre comunicadores continuos e investigadores del caso común, el rapto alimenticio.
Más allá de interrogar a los lectores sobre dónde consiguieron la leche de esta semana, es imposible no destacar las contradicciones que se renuevan como el pan nuestro de cada quincena, ruedas de prensa van y vienen casi tanto como se evitan, de tal manera no se podría llamar contradicción si fuese constante el tiempo en el que se discuten las medidas usadas para saciar las necesidades de una nación en relación con las obligaciones del portador de un traje sumamente elegante en plena inauguración de juegos de playa, aún así sería irresponsable cargar todas las debilidades cual juego de jenga, a una sola persona que no termina de asumir un cargo del que al parecer solo conoce su nombre (seguido de peculiares adjetivos revolucionarios claro está).
El venezolano esta caracterizado por su creatividad de la que hace uso en la mínima oportunidad, sillas son utilizadas como herramienta de paciencia en las famosas kilométricas colas, para poder adquirir productos que van desde primera necesidad hasta utensilios electrodomésticos. Es lamentable el proceso en el que ha evolucionado y transfigurado esta creatividad, la búsqueda de soluciones paradójicamente hizo metamorfosis en una innovación de problemas, se juntaron el hambre con las ganas de comer más literal que nunca, incluyendo dentro de esta fórmula la sed económica en la que se encuentran muchos comerciantes informales, que han pasado a ser formalmente a ser figuras públicas reconocidas por su arduo trabajo, porque eso sí está claro no se le puede quitar mérito a la brutal inteligencia que demuestran los coloquiales bachaqueros, significa aún más que el gentilicio de una parte del territorio zuliano, es la denominación dada a los honorables encargados del rapto alimenticio; sumando a la escasez que nos lleva a hablar de esto, parece un mal chiste de los que estamos acostumbrados día a día, sin embargo es más que un sueño, un chiste hecho realidad. Los productos alimenticios pasaron a ser u negocio informal en el que cada quien decide cuanto debe valer el hambre de cada ajeno a sí mismo, el cinismo en este caso, es el nivel al que han llegado estos respetables comerciantes, obviando las reacciones de las personas comunes al tener conocimiento de estos, ha de destacarse la preferencia al momento de negociar ilícitamente con otros ciudadanos de nacionalidad diferente a la suya, en precios, ante la oportunidad de robar a sus propios hermanos nacionales, optan por revender en el extranjero, eso sí es un acto muy bajo de su parte a decir verdad, nos estamos robando nuestros propios alimentos a plena luz de la “justicia”.
“Todo está normal” no es una frase que se escuchada a menudo, al menos usada en forma positiva, en cualquier momento veremos por las calles obras de personas que aún tiene raciocinio, obras que expresaran en sus entrañas de una manera heroica ante todo lo que les rodea, consignas en busca de la cordura venezolana, la dolencia expresada en conciencias que aún no se habrán dado por vencidos y querrán demostrar por medio de nuestra historia e incluso en la de cientos de países, que no debemos tomar y actuar como normal ante el cansancio extremo reflejado en los rostros de personas trabajadoras en busca del país perdido en el que viven.
Esperar encontrar un producto, no debería ser un anhelo común, mas dentro de esta sociedad y cultura los “deber” y “debería” son iguales e incluso peor que la arepa que no podemos hacer con la frecuencia querida.
División es lo que muchos opinan, conversión es lo que la mayoría acierta, y como fue dicho anteriormente, las contradicciones llegan a otros niveles nunca ante conocidos, en lugar de hacer desaparecer los alimentos y aceptarlo, el deber tiene que encontrarse dentro de la búsqueda de valores que los vuelvan a la verdadera normalidad.
Al momento de investigar o buscar información sobre este tema es notorio encontrar datos que no son precisamente de ayer sino de meses e incluso años atrás que justifican la marcada presencia hoy en día del mismo tema una y otra vez, al que aún no apreciamos una definitiva solución. En movimientos gubernamentales notamos que la FAO (Organización de las naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura por siglas en ingles) reconoce la Misión Alimentación en Venezuela sin embargo seguimos esperando que se haga relucir ese reconocimiento en resultados visibles .Vemos como informativos y reflejos de todo esto en sucesos diarios como el evento de el 5 de Mayo del año en curso donde se registró en la prensa la estadía de Larenses desde horas de la noche, haciendo cola para poder conseguir alimentos en un mercado creado por el gobierno anterior y seguido por el actual, de igual manera la falta de productos en los anaqueles por la inflación, escasez de dólares entre otros muchos factores, a su vez es importante destacar la vista de Cavidea ( Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos) :
“El indicador de escasez ha mostrado un alza de manera sostenida que la ha llevado a niveles que oscilan alrededor del 30% del total de productos que se comercializan en el mercado venezolano y en el caso de alimentos se estima hasta un 46%”.
El anterior es solo uno de los enunciados que apreciamos como si viviésemos en el país de las maravillas, es decir algo totalmente ajeno a nosotros que sin embargo hacemos acto de presencia en números y no en calidad humana, es de esperar que en cualquier momento despertemos para darnos cuenta de que esa era la solución, despertar.
Lo relevante en todo este caso se encuentra en la actitud del venezolano incapaz de resistirse a ser parte de esta selecta manera de obtener los productos de necesidad básica en general, simulando a la perfección la niñez de muchos al jugar el trencito (en este caso con una variación casi imperceptible, un tren sin movimiento). No es difícil saber cuáles serán los resultados en el caso tal de que esta situación de escasez se siga desarrollando.
Mis más sinceras disculpas a las personas que se sientan aludidas al leer esto, sin embargo no significa un pesar, porque es una expresión de lo visto y vivido por cientos de personas agotadas, física, mental e históricamente. De ser un caso contrario a todo lo descrito anteriormente, y de darse la posibilidad de que todo en Venezuela esté mejor que nunca, entonces este artículo no debería existir.