Pasaron semanas, si duda alguna, antes de aquella mirada que agradece este escrito su existencia; actos simbólicos, sentimientos frenados, una primavera hecha invierno por causa de una palabra, expectante aquella persona cuya atención estaba centrada en no permitir dejar caer una sola hoja que tiene como imagen una lágrima. Seguir, seguir y seguir, como una madre que no quiere dejar caer a su hijo, sin embargo esa madre conocía ya los pasos de aquella criatura que procuraba en ella los sentimientos más bonitos por el propio crecer de una acción que fue motivada gracias a la sinceridad de una amistad pura.
En otro extremo, esa mirada sincera, esa mirada que compara en mi la tranquilidad de la brisa con aroma a sal, ese escape que funciona como siempre para estar conectados a una realidad lejana físicamente; esa dulzura, lamentablemente perdida, QUIZÁS ya lo sabía, quizás no lo quería, ahora volteaba su mirada a esa bebé con dolor, solo entonces pude ver que yo era la única que continuaría en ese camino que me había propuesto recorrer y que no abandonaré.
A estas alturas parecen desvaríos mis letras, mas en los pensamientos tienen sentido. Pues ver ahora la diferencia, es un golpe duro para alguien a quien no le queda otro anhelo por sobre todas las cosas sino el de estar para esa persona a la que estimó y estima en tan poco tiempo.
El siguiente paso es el mismo al anterior, irónicamente, estar y permanecer para esa niña es un objetivo que no tiene cambio posible. Alzar su rostro y decir que todo estará bien, todo estará bien. Semejante a un deseo de tocar estrellas, se dirige a mi para expresar su querer, no negaré, es difícil; pero intentaré llegar no solo a esas estrellas tan imposibles sino a un Saturno ignorante de su importancia al pronunciarlo.
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